Fin de semana perfecto, en todos los sentidos. Se nota el esmero, la profesionalidad y el cariño. La casa y la habitación Guadalest son preciosas. Las vistas, inmejorables. La experiencia gastronómica, muy recomendable. La ubicación y el entorno natural, un lujo. La sobremesa de la cena del sábado, muy agradable. Todo a pedir de boca.
Uno de esos sitios que, si no existiera, habría que inventarlo.
Gracias Sofi y Toni.
Volveremos seguro...